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P O E M A S   D E   J E S Ú S   L I Z A N O

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POEMO

Me asomé a la balcona
y contemplé la ciela
poblada por los estrellos.
Sentí fría en mi caro,
me froté los monos
y me puse la abriga
y pensé: qué ideo,
qué ideo tan negro.
Diosa mía, exclamé:
qué oscuro es el nocho
y qué solo mi almo.
Y perdido entre las vientas
y entre las fuegas,
entre los rejos.
El vido nos traiciona,
mi cabezo se pierde,
qué triste el aventuro
de vivir. Y estuve a punto
de tirarme a la vacía...
Qué poemo.
Y con lágrimos en las ojas
me metí en el camo.
A ver, pensé, si las sueñas
o los fantasmos
me centran la pensamienta
y olvido que la munda
no es como la vemos
y que todo es un farso
y que el olvido es el muerto,
un tragedio.
Tras toda, nado.
Vivir. Morir:
qué mierdo.

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CIRCO

Unos me dicen que no llore tanto…
Otros, que por nada río.
Que me río de todo.
Que por cualquier cosa, lloro.
Que no es para tomárselo a risa…
No llores. No vale la pena.
Sólo los payasos ríen y lloran continuamente.
 
Otros exclaman:
“Reír un poco. Llorar un poco… No da para más la vida”
“Ni es trágica ni es cómica: Es física y química”…
 
Nadie entiende mi llanto.
Nadie entiende mi risa.
¿Y cómo os lo explicaré:
Me muero de la risa ante un mundo tan raro.
Y me muero de pena. Es incurable mi herida.

Lo malo es que la risa no me cura el llanto, ni el llanto impide que me ría.
Risas y llantos amargos.
Y no digamos cuando pienso en mi muerte, después de tanta orfandad.
¡Ah, mi pobre mente… huérfana de verdadera alegría!
Morirse: Qué infinita pena. Qué risa…
Es verdad. Eso sí es verdad: No somos sino payasos.
¡Reíd, payasos!
¡Llorad, payasos!

..........


EL PORTERO

Un portero abre todas las puertas.
Existe otro portero que las cierra. Que va cerrando todas las puertas.

Lo malo es que se confunden.
Que aún no acaba de abrir una puerta el uno, que va el otro y la cierra.

Claro que, en ocasiones, el otro llega corriendo y abre la puerta que el portero, el que cierra las puertas, ha empalizado.

¿Es que no hay forma de que las puertas de una vez, se cierren o queden abiertas…?
¿O es el mismo portero que se entretiene, obligándonos a una amarga existencia…?
¿Quién dudará que al nacer nos abren las puertas que al morir nos cierran…?
Si sólo eso fuera…
Vivir es un continuo abrir y cerrarse puertas. Yo mismo. Uno mismo es un desventurado inquilino corriendo por los pasillos. Subiendo y bajando escaleras…
¡Una puerta! ¡Una puerta!
¡Dejadme una puerta abierta y conquistaré el mundo!...

¿Cómo juzgar a nadie…?
¿Cómo esperar de nadie que nos abra las puertas…?
Bastante hacemos con resistir el engaño de las malditas puertas que se abren y se cierran.
¿Puertas…?
¡No hay puertas! Eso temo.
Somos la especie que sueña puertas.
¿Porteros…?
¡No hay porteros! Ellas solas se abren y se cierran.

Acudo a los sentidos: ¡Abrid, sentidos, vuestras puertas!...
En vano.
Porque nuestro deseo, lo que reclama nuestra rebeldía es que se abrieran para siempre. Que no hubiera puertas.

Hubo un tiempo en que nos hablaban de un maravilloso portero que tenía las llaves de todas las puertas…
De pronto, alguien se presenta y nos dice:
¡Yo soy el portero de la libertad, de la alegría, de la inocencia!
Muy sabia la naturaleza –eso es lo que dicen los académicos- nos agota con tanto empeño de salir de las cárceles,
de los encierros,
de las fronteras,
del sufrir que a una puerta sucede otra puerta…
Cuántas veces maldigo a los que cierran las puertas. A los falsos porteros…
El caso es que a todos nos dan un día con la puerta en los sueños.
En las narices de los sueños…
¡Tienen narices los sueños!


© Jesús Lizano






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